Ficha I
Altonoth
El herbívoro de las cumbres

Cuadrúpedo corpulento de las tierras frías. Puede alcanzar los tres metros de altura contando cabeza y astas, y lo envuelve un pelaje blanco tan denso que, cuando el viento levanta la nieve, su silueta se pierde incluso a corta distancia de tiro. Una franja grisácea le recorre el lomo, del cuello al nacimiento de la cola.
Es un animal apacible: rara vez inicia un enfrentamiento y sólo recurre a la violencia en defensa propia. Conviene, aun así, no confiarse — no son pocos los que han acabado aplastados bajo sus pesadas patas.
Ficha de campo
- Clasificación
- Herbívoro de altura
- Altura
- Hasta 3 m con astas
- Hábitat
- Cumbres nevadas
- Avistamientos
- Montes Ancestrales · Colinas de Cristal
- Manada
- 20 a 30 ejemplares
- Temperamento
- Apacible salvo provocación
- Alma
- Regeneración de la cornamenta
- Amenaza
- Media — letal si embiste
Las astas
Su rasgo más característico. En reposo apenas destacan, pero en cuanto la criatura se altera, los órganos alojados en su base activan el Alma y disparan la regeneración: las astas crecen y se ramifican en cuestión de segundos hasta cerrarse sobre la cabeza y el cuello como una jaula de hueso — un «abrazo óseo», según los cazadores del Departamento Gremial.
Desplegadas resultan durísimas: quien ha descargado un mandoble contra ellas asegura que fue como golpear roca viva, y las puntas poco tienen que envidiar a una buena lanza. En las hembras suelen alcanzar, en promedio, más longitud que en los machos.
El poder tiene precio. Tras unos tres enfrentamientos con la cornamenta dañada, el animal empieza a caminar «como si estuviera borracho» y sus intentos de volver a extenderla salen frágiles, cuando salen.

El sobrante
Cuando la amenaza desaparece y el Alma se apaga, las astas no recuperan su tamaño de inmediato, pero sí pierden su dureza: el sobrante se vuelve quebradizo y se astilla con unos pocos movimientos.
Muchos ejemplares aceleran el proceso raspando las puntas contra troncos y rocas. Ese material desprendido rara vez sirve para tallar — se parte a la primera —, aunque nunca falta quien se lo tome como un desafío.

La lengua
Pocos conciben que en esa boca quepa una lengua capaz de alcanzar los dos metros. Es grasienta, casi gomosa, y va recubierta de una saliva espesa que resultó tener propiedades anticongelantes: la grasa aísla del frío y la saliva impide que se congele.
La usa para apurar las hojas de las copas más altas, fuera del alcance del resto de herbívoros, y también para hundirla bajo la nieve y rescatar la vegetación sepultada. Dos despensas que casi nadie más puede tocar.

Pezuñas y rastro
Sus pezuñas son de escasa altura y notable anchura, y —a diferencia de las de otros monstruos— no son del todo rígidas: ceden un poco bajo la presión. Reparten el peso sobre la nieve y amortiguan unas pisadas capaces de matar.
Esa forma tan característica deja una huella ancha e inconfundible. Para un explorador es la señal más fiable de que hay manada cerca.

Manada y vínculo
Viajan en manadas de veinte a treinta ejemplares guiadas por un altonoth anciano y migran hacia zonas más cálidas al comenzar el otoño, para regresar entrada la primavera. Un ejemplar aislado es presa fácil; el grupo, en cambio, hace que hasta los scintus prefieran no presentar batalla.
Dentro de la manada la regla es fría: quien se rezaga ha de reincorporarse por sus propios medios, crías incluidas. La única excepción es la pareja. El vínculo monógamo entre dos altonoth no lo rompe ni la amenaza de muerte, y de ahí que en los pueblos asentados alrededor de los Montes Ancestrales sus astas no se vendan ni se destinen a la alquimia: se emplean como símbolo de compromiso.
Aprovechamiento
Es de los monstruos más codiciados por cualquier cazador, porque se aprovecha casi todo. La carne es jugosa y tierna, muy por encima de la del resto de herbívoros; con huesos y cartílagos se preparan sopas que reconfortan en estas tierras; la piel de un solo ejemplar da para tres o cuatro prendas de abrigo, y hasta las pezuñas sirven para suelas de bota.
Las astas se tallan como figuras, amuletos y piezas de mobiliario, además de colgarse a modo de trofeo.

